¿Recuerdas cuando podías usar el móvil con una sola mano?

Tras la presentación de los nuevos iPhone XS, XS Max y XR, Apple ha dejado de vender en su web el iPhone SE, el que hasta ahora era el modelo más asequible de la compañía y, sobre todo, era el mejor dispositivo de pantalla pequeña (4 pulgadas) que podía encontrarse en el mercado. La compañía remite para su compra a “distribuidores autorizados”, al igual que lo hace ahora con todos los modelos anteriores al iPhone 7.

Su desaparición llega después de que durante meses cundieran los rumores que aseguraban que la empresa de Cupertino iba a presentar en su último evento de septiembre el que podría ser el sucesor del SE. Una apuesta por seguir manteniendo el nicho de los móviles compactos que finalmente no ha sido así, y que es reveladora porque Apple parecía ser el único gran fabricante que apostaba por estos modelos.

Prueba de ello es que ya en 2013, cuando Apple presentó el 5s, también de 4 pulgadas, el resto de fabricantes ya llevaban unos años apostando por las 5 pulgadas o incluso superándolas. Dos generaciones después, el iPhone 6s se seguía manteniendo en unas contenidas 4,7 pulgadas, aunque entonces ya aparecía la versión Plus de 5,5. Y después de todo eso, cuando el estándar de alta gama comenzaba a pedirnos a gritos que empezáramos a buscar pantalones con bolsillos más anchos, apareció el SE en 2016.

Con la salvedad del pequeñín recién discontinuado, Apple mantuvo esta dualidad de tamaños (4,7 y 5,5) hasta el iPhone X, cuando su nuevo diseño con la pantalla cubriendo todo el frontal consiguió que esta creciera, pero sin aumentar la voluminosidad del dispositivo. Si hoy comparamos el iPhone 8 Plus con el iPhone XS Max, estos ocupan lo mismo, e incluso es un poco más grande por milímetros la versión más antigua. Sin embargo, el destierro y el no relanzamiento (al menos momentáneo) del SE, suponen ahora sí, la muerte de las pantallas pequeñas.

Si analizamos los principales lanzamientos de 2018, veremos que prácticamente ningún fabricante con la excepción del iPhone XS baja de las 6 pulgadas. Solo el Sony Xperia XZ2 Compact, con 5 pulgadas y un apellido que delata su condición de rareza, ha sido presentado para ocupar un lugar entre los pequeños. ¿Pero, en qué momento nos entregamos a las pantallas grandes?

El iPhone SE, un recuerdo de la filosofía (errónea o no) de Steve Jobs

Detrás de la apuesta en el mercado por las pantallas grandes está, lógicamente, el mismo mercado. Según los datos de la compañía, el SE significó hasta junio de este año el 8% de los iPhones vendidos, lo que le dejaba a la cola empatado con el iPhone 6 y solo por delante del 6 Plus (3%), los tres modelos ahora discontinuados. El descenso se venía acusando desde septiembre de 2017, cuando el pequeñín tomó su pico más alto de ventas representando el 11% del total de terminales vendidos.

¿Es lo suficientemente mínimo este porcentaje de ventas como para dejar sin opción a lo que hasta ahora suponían al menos, 8 de cada 100 terminales vendidos? No podemos meternos en la cabeza de Tim Cook y compañía, pero podemos entender que Apple ha podido discontinuar el SE para dejar campo abierto al XR como la nueva opción económica de su nueva gama y estirar las ventas del iPhone 7, que ahora pasa a ser el teléfono más barato de la manzana. Otros análisis indican que Apple ha querido agrandar sus pantallas para mejorar sus ingresos por servicios en películas y software, que ya suponen una importante parte de su negocio. Porque siendo serios, no resulta cómodo ver una película en una pantalla de 4 pulgadas, pero para eso Apple tenía una respuesta ya en 2010, el iPad.

Existe una declaración muy recordada de Jobs en 2010, un año antes de fallecer, en la que aseguraba que “los teléfonos grandes no se iban a vender” porque consideraba que eran incómodos al tener que utilizarse con más de una mano. La eterna apuesta por la ergonomía y la comodidad era un mantra en la vida del antiguo CEO de Apple, que parecía mantenerse firme en no querer crear dispositivos intermedios entre el iPhone y su nueva tableta. Una decisión que se mantuvo firme en la compañía y que dio lugar casi a una batalla dialéctica entre los móviles compactos frente a los grandes, como se puede ver en este recordado anuncio del iPhone 5. Todo se podía hacer con el pulgar, y esa era su apuesta entonces:

Sin embargo, es evidente que a años vista, sea tan firme o no esta decisión de Jobs, Apple se ha acabado entregando también a la popularidad de las pantallas grandes, una vitalidad que nació hace ya algunos años y que ahora es más que incontestable, la única opción que hay.

Cuando empezamos a llamar a los teléfonos ‘phablets’ para después volverlos a llamar teléfonos

El primer móvil en llamar la atención por su tamaño frente a sus contemporáneos fue el Galaxy Note en 2011. Samsung presentaba un teléfono de 5,3 pulgadas que popularizaría durante unos años el término ‘phablet’. Aunque su tamaño llamó la atención por exagerado (y hasta cómico entonces) en un primer momento, su lanzamiento tenía como objetivo copar su popularidad en Asia, donde, tras presentarse el iPad un año antes, muchos usuarios no tenían capacidad económica para tener un móvil y una tableta. El término se popularizó hasta el punto de que Reuters citó 2013 como el año de las ‘phablets’, porque realmente, sus ventas funcionaban.

Hoy, en 2018, Samsung presentó este año el Galaxy Note 9, de 6,4 pulgadas y con puntero para poder tomar notas, pero ya nadie lo llama ‘phablet’, es simplemente un teléfono inteligente. Un computador de bolsillo (para bolsillos anchos, eso sí) que como las nuevas generaciones de iPhone dan a nuestro teléfono un sentido camaleónico que lo puede hacer ser nuestro televisor, nuestro teléfono, o nuestro cuaderno de notas a mano.

Ya en 2014, Ben Taylor, analista de PC World, argüía que si las pantallas han ido creciendo progresivamente no era solo por una cuestión de nuevos consumos, sino que los fabricantes siempre habría querido convertir los smartphone en nuestros dispositivos principales, pero que simplemente la tecnología, no lo permitía. Es algo tan básico como que una pantalla de seis pulgadas consume mucha más batería que una de 4, o que la resolución no había llegado hasta los estándares actuales.

Los países emergentes prefieren las pantallas más grandes

De un modo u otro, el auge de las pantallas grandes ha acabado escalonándose desde su objetivo principal -vender en países asiáticos, donde no era posible adquirir móvil y tablet para muchos bolsillos- hacia el resto del mercado global.

Según DeviceAtlas, donde se recopilan estadísticas por dispositivos, los países donde son más comunes los smartphone que superan las 5,7 pulgadas son Malasia, Egipto y Rusia. Lo mismo ocurre con las de 5,5 en India o Nigeria, donde se indica “que esta es la principal forma de acceso a internet para mucha gente”. Hay que tener en cuenta que puestos a reducir elementos por economía, un móvil es vital frente a un portátil, y desde luego una tablet.

Aunque este efecto no pueda marcar absolutamente todas estas lecturas ya que un consumidor elige un móvil por muchas más cosas que su pantalla, sí que ha facilitado unificar un criterio: las pantallas grandes se venden mejor en países emergentes, con la mayoría de la población mundial, y dado que las pantallas pequeñas también tendían a la baja en occidente, qué mejor que potenciarlas también ahí.

La otra gran pregunta es en qué lugar deja esto a las tablets. Desde luego, con un teléfono que supera las seis pulgadas se vuelve prescindible el uso de tablets de tipo Mini, de ahí que también tiendan a ser más grandes. De un modo u otro, las ventas de estos dispositivos atraviesan en los últimos años constantes picos de sierra en función de la presentación de nuevos dispositivos, con cierta tendencia a la baja. Según el último informe de IDC, el número de tabletas vendidas en todo el mundo durante el segundo trimestre de este año fue de 33 millones, 5 millones menos que el curso pasado. Eso sí, si bien la caída era generalizada, Apple y Huawei tenían ligeros repuntes.

El consumo móvil está cambiando desde hace tiempo, seguramente configurándolo como el único elemento tecnológico imprescindible, y para eso, la tónica parece dejar claro que cuanto más grande sea mejor. Solo el tiempo nos dirá si en un futuro muy lejano se nos recuerda como una civilización que comenzó a usar el dispositivo único, o si por el contrario quedamos retratados como unos tipos que usaban inúltimente aparatos muy grandes, cuando solo unos años antes habían sido capaces de diseñar y utilizar satisfactoriamente unos más pequeños y cómodos.

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