El nuevo temor a lo desconocido en la era digital

Siempre hemos tenido miedo a lo que no conocemos; no es nada nuevo, en realidad se trata de uno de los temores más comunes y de los que causan más estragos en la vida de los seres humanos.Es algo tan sencillo como el llanto del niño que enfrenta su primer día de escuela, o el estrés que acompañan al primer día de trabajo, o en fin, el que habitualmente se presenta cuando estamos ante una nueva experiencia de vida. En sentido histórico, lo conocemos como milenarismos, que no se limitan al hecho de que el cambio de milenio, históricamente, genere temores que lindan el fin del mundo, esos temores tratan mas bien de grandes cambios sociales que anuncian catástrofes que el común de los mortales nos puede asumir ni siquiera comprender y que, pese a todos ellos, aquí estamos, todavía escribiendo la historia.

El Miedo a ser controlados en la era del internet

En las últimas entregas hemos platicado sobre los temores que la tecnología ha generado en la sociedad y de cómo, esos miedos, han generado cambios en la sociedad; en realidad se trata de un solo gran temor, un nuevo terror a lo desconocido que se presenta con notas que antes no existían y que lo hacen, por ello, un miedo nuevo, sin antecedes históricos al cual hay que acercarse apenas por aproximaciones.

Primero, se trata de un miedo íntimo. Los anteriores cambios sociales lo han sido de clase, de organización política y de formato económico; pero esta vez estamos ante transformaciones que no sólo tocan a nuestros grupos de referencia, sino a la manera en que personalmente nos relacionamos con el mundo, con los nuestros, con las ideas y con las imágenes, se trata de cambios que inciden en lo que consideramos bueno o malo y cómo actuamos en consecuencia. En fin, se trata pues de que percibimos una amenaza difícil de comprender pero que además se aparece en nuestros teléfonos y computadoras, en las pantallas que sólo nosotros vemos y que por lo tanto, parecen dirigidas a cada uno en lo personal.

Segundo, es un temor basado en una conciencia inmediata y que creemos cierta; vamos a ver, nadie se levantó una mañana y dijo, “ha empezado el renacimiento, el mundo como ahora lo conocemos se vendrá abajo”, pero ahora, la manera en que tenemos acceso a la información nos permite concebir que las cosas no son lo que eran y que como son ahora mismo están condenadas a desaparecer en el corto y mediano plazos sin que alcancemos a concebir qué es lo que sigue. Dicho de otro modo, ahora si nos enteramos de la enfermedad a través de sus síntomas, pero nadie nos dijo a dónde conduce el mal. Pero esta conciencia, además es aparente y aunque existe una crisis de la idea religiosa, nunca como ahora ha sido tan poderosa la fe. Tenemos fe en muchas cosas que no podeos comprobar, tenemos fe en que somos escuchados y que se replica nuestro dicho, tenemos fe en un sistema de máquinas conectadas que toman decisiones y que están dirigidas para hacernos la vida más cómoda o tal vez no, pero de que existen y que controlan, eso lo tenemos por cierto sin poder verlo, ni saber cómo funciona y quién lo maneja. En ese sentido, se parece mucho al milenarismo religioso, pero ya se ve, Dios abandonó la túnica para ponerse una playera y sentarse frente a una computadora.

Terecero, es un terror que sólo aparece cuando estamos en presencia de una crisis relacionada con la tecnología; no vivimos aterrados las horas que estamos despiertos, es más, celebramos cada una de las bendiciones de la tecnología, nuestros dispositivos rebosan de aplicaciones que no sabíamos que necesitábamos; alegremente jugamos con nuestro dinero y ya hemos olvidado la sensación de hacer fila en un banco; pero cuando hemos mandado un mensaje a la persona equivocada, cuando hemos dejado abierto el FB y hemos dejado la computadora sola por unos minutos, cuando no alcanzamos a recordar si cerramos la sesión de la red soclal después de haber estado en una computadora de uso público o cuando nos llega un mensaje o un correo de alguien a quien no podemos identificar y éste tiene un tono ligeramente amenazante, entonces sí entramos en pánico, sudamos frío y todo cuanto hemos hecho, dicho y hasta pensado, se vuelve amenazante, bastan unas horas, unos días ene que no se manifiesten consecuencias para que lentamente volvamos a la paz y la tranquilidad y es que el cambio es tan grande que no alcanzamos a comprenderlo y además, ya no podemos vivir sin él. Somos el adicto que sabe que se está metiendo un mundo destructivo pero que está ansioso de la siguiente dosis.

El miedo a ser observado: la tecnología nos vigila

Cuarto y último, es un temor al que no estamos dispuestos a renunciar; no queremos que los cambios desaparezcan, no tenemos esperanza de ello ni deseamos que se detengan; creemos que estamos dispuestos a adaptarnos, que haremos todo lo posible por defendernos, pero que no nos quiten las dos palomitas azules que dicen que ya fue visto nuestro mensaje; generamos dobles morales porque estamos dispuestos a desollar vivo al próximo Lord o lady que se pase de listo y tenga la mala fortuna de que alguien tenga un teléfono para subir su vídeo a las redes, pero vivimos conforme a nuestros pecados ancestrales relegándolos a la obscuridad más abyecta porque de saberse, el más pequeño de ellos sería la ruina para cada uno de nosotros; estamos dispuestos a renunciar a lo que antaño eran los placeres de verdad, como ir a la tienda y comprar algo, pasear por la librería, porque todo viene empaquetado en datos que se desplazan veloces; estamos dispuestos a ligar por internet, relacionarnos por videochat y a no tocar, pero que, por caridad, no nos quiten las transferencias electrónicas.

Ninguna tecnología es inocente: un ensayo sobre el miedo tecnológico

Y así vivimos, así viviremos, porque hay algo que no ha cambiado y creo que todavía no cambiará, algo que permite que alguien cualquiera escriba estas líneas cualesquiera; todavía tenemos sentido crítico y sentido humano y eso, es suficiente para conjurar nuestros temores.

Vía Código Espagueti https://ift.tt/2N1QXNH

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